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El camino en Castilla y León
El Camino de Santiago en viejas tierras de León

HE VUELTO A RECORRER EL CAMINO DE ESTAS TIERRAS DE LEÓN QUE NUNCA HE ABANDONADO. Y HE VUELTO A ELLAS CON EL ÁNIMO JOCUNDO QUE NUNCA PERDEMOS LOS VIEJOS PEREGRINOS. CON ANTAÑONAS CREENCIAS Y RECUERDOS DE HISTORIAS VIEJAS Y ALGUNAS NUEVAS; A ÉSTAS LAS LLAMO LAS DE HACE CUARENTA AÑOS, CUANDO TIRABA EL BORDÓN PARA PODER ATRAPAR A UNA MOZA ESCURRIDIZA, CABE EL PALACIO ARZOBISPAL DE ASTORGA QUE HABÍA ANDADO ENREDÁNDOME, PERO ESTO LO CONTARÉ EN SU SITIO, SI VIENE A CUENTO, PARA SOLAZ DE LOS DESTINATARIOS DE ESTA GUÍA.

SAHAGÚN DE CAMPOS

Por el barrio de San Martín vamos a entrar en uno de los pueblos de más acrisolada historia santiaguista, Sahagún. De él decía con sobradas razones el Codex Calixtinus "Inde este Sanctos Facundus omnibus felicitatibus affluens..." , y al tratar "De los cuerpos de los santos que se han de visitar en el Camino", pese a hacerlo en territorio español con gran parquedad, no se olvida de las reliquias de Facundo y Primitivo. Sahagún lo fue todo y hoy es lo que se puede ver: sus ruinas tienen una grandeza que hacen imposible pasar por esta ciudad sin remontarse al pasado.

Cluny, la poderosa abadía que tanto hizo por el Camino de Santiago dando normas y encauzando el hecho religioso, cultural y económico de las peregrinaciones jacobeas, plantó aquí su sede central. Los romeros, a su sombra, encontraron una protección generosa - 2.000 fanegas de pan solían gastar para atenderlos, el vino corría a cántaras - y hasta sesenta camas les tenía siempre bien dispuestas el monasterio de San Facundo y Primitivo. Éste no era, como las otras estancias del Camino en España, un lugar de paso; la misma traza de la ciudad se aparta del típico plano de romeraje que hemos visto a lo largo de la ruta. Y es que la historia de Sahagún, "pródiga en todo tipo de bienes", es con notable diferencia la más fantástica y real de toda la calzada santiaguesa. El "Cluny español" se llamó a su abadía, con jurisdicción sobre noventa monasterios y con los mismo privilegios que el Cluny madre borgoñón. A su sombra creció el pueblo y atrajo por el Camino francés a hombres de toda Europa, creando un pujante mercado y dando vida a un sinnúmero de oficios abastecedores de la ruta santiaguista, llegando en varias ocasiones a plantear serias revueltas contra la Abadía y el feudalismo borgoñón que representaba, en franco contraste con la tierra de hombres libres que defendían los leoneses y a cuya defensa se sumaban todos los emigrantes europeos. Célebre fue la revuelta de 1110, capitaneada por Giraldo el Diablo, cuyos ecos perduraron durante siglos y en la que intervinieron bretones, alemanes, ingleses, borgoñones, normandos, tolosanos, provenzales, lombardos y otros, desde las condiciones más elevadas - lo que no deja de producir extrañeza al anónimo monje que con gran indignación la relata, solo comparable con el alborozo que yo lo reflejo en varias sabrosas páginas de mi libro "Pícaros y picaresca en el Camino de Santiago" - hasta "las personas muy biles, ansi cortidores, sastres, pelliteros, zapateros, joglares, ruffianes et truhanes et omecidas...". La cuba de vino del monasterio, con más de 30.000 cántaras, era incluso superior a la célebre de Heidelberg mentada como hipérbole de lo desmesurado por Quevedo, la Pícara Justina y Vélez de Guevara en el "Diablo Cojuelo" y cuenta Felipe Torralba que, "en Sahagún, bulliciosa posada del Camino, aconteció en 1245 que abrió tienda en 'un arco del hospital, cabe la fuente', un alemán llamado Conradus, que era músico y 'sabía historias y sucesos de la Tabla Redonda y de Don Tristán y era muy solazador'. Vendía flautas y tambores y tenía de muestra dos arpas que tocaba para alegrar a los peregrinos. Su mujer también era diestra en música 'y había cantado para el rey de Navarra en su castillo de Olite' ".

Los despojos de la abadía benedictina, tras la Desamortización, fueron tan inmensos que, con sólo recoger hoy en día los que aún existen en España, Europa y América, se podría crear un buen museo.

En Sahagún siguen llamando la atención del peregrino sus iglesias románicas mudéjares de San Tirso, del siglo XII, y San Lorenzo del XIII, que junto a la desaparecida de Santiago, de la que quedan solo breves restos, irradian durante siglos el peculiar estilo del románico leonés de ladrillo ejecutado por albañiles moriscos.

Al lado de San Tirso y de las ruinas de la abadía cluniacense está el monasterio de las MM. Benedictinas comunicado mediante un túnel con la iglesia. A la puerta del convento-museo han colocado una estatua de San Benito procedente de la abadía. El museo, en el que han tenido el acierto de recoger piezas de difícil conservación en otras circunstancias, merece la pena de ser visitado. En la capilla de las monjas está el sepulcro auténtico por ser el sumidero (el historiado desapareció por la Desamortización) de Alfonso VI, muy vinculado al monasterio cluniacense y agradecido protector del mismo tanto como de la ruta de peregrinación. Aquí tuvo el de la jura de Santa Gadea su corte y descanso. Y aquí también, en otro sepulcro de la misma capilla, la monja cicerone nos muestra dónde reposan los restos de las que fueron dejándole viudo: Costanza, Berta, Zayda (la mora, cristianizada Isabel; pero han puesto el nombre original - me aclara la atenta cicerone - para que no se confunda con otra Doña Isabel que tuvo bastante intimidad con el rey Alfonso), e Inés. La última esposa, Doña Beatriz, descansa en tierras francesas. Otra íntima del inquieto Rey, Doña Jimena Muñíz, de la que tuvieron origen los reyes de Portugal, yace en su querido Bierzo leonés, en Vega de Espinareda, otro monasterio benedictino.

Antes de salir de Sahagún hay que subir al santuario de la Peregrina. Fue convento de los franciscanos desde el siglo XIII y desde el siglo XVII su seminario como "peregrinos por el mundo" divulgando la tan cariñosa como bella imagen de la Virgen Peregrina ataviada con bordón, calabaza y esclavina, con el Niño en brazos que he visto alguna vez también vestido de peregrino, y que solo la gracia de la mejor de las escultoras españolas, una sevillana, la Roldana, puedo haberle dotado del encanto que aún perdura. Rece una salve, como cristiano viejo, en recuerdo del maestro y amigo, que se nos fue tan de repente, Millán Bravo Lozano, cuando era el primer historiador del Camino de Santiago en España. Aquí, en Sahagún, fundó el Centro de Estudios del Camino de Santiago y su revista "Jacobus". En el Ayuntamiento puede encontrar el moderno peregrino cuantas referencias desee sobre estas tierras.

De Sahagún, como de Belorado, se sale por el puente de Canto sobre el río Cea; la alameda de chopos, durante muchos años, fue vista por los crédulos peregrinos, lectores o transmisores de los hechos fantásticos de la guía de Aymeric Picaud, como recuerdo milagroso de la gesta carolingia en su victoria contra los moros y el rebrote florecido de las lanzas de sus soldados clavadas a orillas del Cea.

A una legua castellana justa de Sahagún está Calzada del Coto; es el primer pueblo que nos encontramos en la llanura tierracampina que recorremos desde la vega del Cea. Su iglesia parroquial, dedicada al protomártir de la Eucaristía, en estos campos de tierra, donde no hay piedras, está hecha de ladrillo y tapial.

Este pueblo de Calzada del Coto es el primero en tierras leonesas que nos ofrece una bifurcación de la estrada santiaguista con meta en Mansilla de las Mulas: por Bercianos del Real Camino o por Calzadilla de Hermanillos; en ambos casos es clara la referencia caminera. La última opción es más difícil para los discapacitados. Se pasa por Dehesa de Valdelocajos y se llega a Calzadilla de Hermanillos que lo más notable que tiene es lo cariñoso del diminutivo y la fuente del "Pelegrin", continuándose por la calzadilla, en realidad la Vía Trajana, hasta Mansilla.

La otra opción, hasta Burgo Ranero, es la del Real Camino francés, mucho más urbanizada y amena. A la mitad del trayecto atraviesa Bercianos del Real Camino. Poco antes deja a la izquierda la ermita de la Virgen del Peral y, aún antes, el recuerdo del peregrino histórico Doménico Laffi cuando vio lobos despedazando el cadáver de un peregrino y un pueblo de pastores con cabañas de paja y sin lechos para dormir.

Siempre fue éste, pese a lo ampuloso de su nombre, un pequeño pueblo de la ruta santiaguista y en el que hemos conocido la gran torre de ladrillo que hacía de faro en estas ásperas tierras y que daba al paisaje un aire guerrero y a la vez protector. Nada ha quedado de esa torre, sólo el recuerdo de la gran charca en que se reflejaba. Hace más de cuatro lustros escribía yo mismo que el interés del Camino en estas tierras se encuentra en su propia evocación, en la soledad y en la estética del paisaje, añadiendo - de no sé quién - "más primitivo - aún que el castellano - porque los pueblos esparcidos en la llanura parecen topineras levantadas fuera de la tierra de color acre, aunque allí se ven los ríos, con su amplio lecho, con sus grandes extensiones de pedregales grises ...".

Por este paisaje y camino nos acercamos al Burgo Ranero; lo curioso del nombre ha hecho que sea recordado en la literatura odepórica, hasta en la más moderna, como en la novela "El peregrino" de Jesús Torbado. El Camino Real, a su salida, deja al lado una gran charca en la que las cigüeñas siguen compitiendo con los lugareños en la pesca de las ranas que no han dejado de croar, al menos desde que era "burgo" de los monjes de Sahagún que se festejaban con las ancas de este rico batracio que alegró los paladares de la cocina borgoñona del monasterio.

Larga es la etapa y largos se pueden hacer los más de 12 Kms. que separan el Burgo Ranero de Reliegos. Desde Villamarco, y siempre a la vista, la rodadura de la calzada de los peregrinos o Vía Trajana, aunque nosotros seguimos por el Real Camino francés, Calle Real a su paso por Reliegos, con antigua prosapia caminera desde la época romana. Y como dicen los de este pueblo: "La legua de Castilla, de Reliegos a Mansilla", que hoy, hasta medio kilómetro antes de esta población, está aligerada por el arbolado que la sombrea.

MANSILLA DE LAS MULAS

Entramos en la "Manxilla" del Codex Calixtino y con ella en la ribera del Esla dejando atrás los campos de tierra. El acceso a la ciudad amurallada sigue siendo por la Puerta de Santiago, hoy sin arco. Se conserva parte de los lienzos del recinto amurallado, que hemos visto reconstruir en más de una ocasión, y cuyo aparejo resulta curioso por estar hecho a base de cantos rodados del Esla.

La ciudad ha sido siempre caminera y trajinante. El paso del tiempo y la incuria han destruido buena parte de su patrimonio. De sus cuatro puertas sólo queda la de la Concepción. La iglesia de San Martín, la más fiel y constante advocación jacobea, es hoy Casa de Cultura. El convento de San Agustín, fundación del Almirante de Castilla Fadrique Enriquez, aún se resiente de los destrozos que en él causó la Guerra de la Independencia.

Pero Mansilla de las Mulas, para la literatura odepórica, es La Pícara Justina. Discípula aventajada de los consejos del granuja mesonero que fue su padre y experta en trapisondas, robos y engaños que la presentan como perfecta conocedora de todas las artimañas que cuatro siglos antes habían sido reflejadas en el capítulo XVII del libro primero del Codex Calixtinus, el famoso Sermón Veneranda Dies, con su muestrario de chapuzas y extorsiones a los caminantes, por sus anatemas contra los abusos de los malos mesoneros y mercaderes de toda la laya que se movían a su alrededor engañando a los peregrinos. No falta en la obra del anónimo clérigo autor de la Pícara Justina, un buen adobo de resabios erasmistas, que estuvieron a punto de acabar con las peregrinaciones en el siglo XVI, ni de citas peyorativas sobre el mundo de los caminantes; la misma desvergonzada posadera y romera de fechorías, que rara vez se nos hace simpática (licencia excesiva), reconoce de sí misma el sentimiento de que "la mejor romería y estación era la de más lejos", con lo que, irónicamente, justifica su devoción a "San Alejos"; piensa que "el mesonero es como la tierra - que es madre de los vivos - y el pasajero como el río" y "el mesón espuela de caminantes" o "como olla nueva que siempre toma el olor de lo que en ella se echa".

El tiempo se llevó los tres hospitales de peregrinos y el Ayuntamiento ha tenido la buena y pionera idea de construir un grato albergue para los romeros. Una hospitalera italiana en el Camino de Santiago, Franca Olivieri, nos ha dejado su diario de recuerdos de hace diez años. Las impresiones personales y las notas que en el libro del albergue dejaron los santiaguistas están cargadas de encanto, humanidad y agradecimiento: "Franca, no sabes lo mucho que me ha reconfortado hablar contigo esta tarde. Como he dicho, las dos etapas anteriores habían sido muy duras y estaba un poco desmoralizado. Me ha dado un poco (un mucho!) de pena no haber estado hablando más rato". De la afabilidad de esta hospitalera piamontesa y de la sombra de la magnífica higuera del patio del albergue (para la que habrá que buscar algún tipo de protección) tuve ocasión de disfrutar cuando me metí a pregonero del vino de Valdebimbre y los Oteros, el desconocido "tinto claro espumante" al que distinguieron los catalanes con una medalla de honor allá por los años de la dictadura de Primo de Rivera y que, como mínimo, debe seguir siendo el vino de todos los jacobipetas que se precien desde Mansilla hasta más allá de León.

Como vamos de camino, casi forzoso es seguir hasta León, el que recorrió tantas veces la pícara romera. Pasamos por el famoso puente sobre el Esla "río padre leonés". Desde aquí y hasta León, la Calzada de romeraje, con un mínimo desvío, está plagada de tentaciones evocadoras y artísticas.

En Mansilla La Mayor y en su iglesia parroquial de San Miguel, forjado por Dios para alancear al demonio tentador de peregrinos, el artesonado mudéjar de su nave central. A 2 Kms., las ruinas de Santa María de Sandoval, con la poética leyenda de Doña Estefanía, esposa del conde Ponce de Minerva. Retornando al Camino de los jacobitas, Villamoros de Mansilla, antaño conocido como Villamoros del Camino francés; en su parroquia de San Esteban, la imagen de Santiago Matamoros.

Y tras recorrer legua y cuarto desde Mansilla, en apreciación de La Pícara Justina, aparece el lugar del Puente de Villarente, tendido en extraña forma por haberse ido adaptando durante siglos a las avenidas del Porma, en cuyas aguas se puede tomar un buen baño. A la salida del puente existía una alberguería cuya portada aún se conserva. Recuerda D. Antonio Viñayo que al fundador de este hospital de Villarente no se olvidó de dotarle de una borrica para el traslado a León de los peregrinos enfermos de gravedad, anotando que es la primera ambulancia documentada de que se tenga noticia en los anales hospitalarios leoneses.

La ruta sigue por Arcahueja hasta El Portillo desde el que se divisa León en las vegas del Bernesga y Torío. En este Portillo, al lado del crucero, con el arcángel San Rafael vestido de peregrino y que quiere ser réplica del original que está frente a San Marcos, se detenían los peregrinos para preparar su entrada en León pasando por "la Puente de Castro". La imagen que desde el altozano ofrecía la Capital del Reino a los romeros debió ser única en todo el Camino francés: dominaban las airosas obras defensivas, las torres de la catedral, iglesias, conventos y palacios, creando la perspectiva un prometedor ambiente urbano.

LEÓN

El Códice Calixtino, que en su día ha ido venciendo temores al compás del encuentro con tierras y gentes más agradables según se adentra por la ruta francígena en España, estalla en admiración incontenida al llegar a la ciudad, octava etapa del Camino: "Inde Legio urbis regalis et curalis cuntisque felicitatibus plena". Ocho siglos más tarde, los autores del "Camino iniciático de Santiago" no le van a la zaga en admiración: "Aquí pisamos el más auténtico camino de las estrellas, el de los constructores, de los alquimistas que llamaban a la Gran Obra el Camino de Santiago. Aquí, en León, consiguió Nicolás Flamel la transmutación total. Ello implica que en este lugar se conjugan todas las fuerzas oscuras de la naturaleza, que estamos en un hito importante de esta progresión hacia el sol y hacia la dimensión interior".

El monje de Arlanza, del poema de Fernán González, en su viaje a la Capital del Reino con motivo de la celebración de Cortes, no puede menos que, emocionado, hacerse eco del gran recibimiento de que fuera objeto el Conde por "el Rey e sus varones" y anotar que "Auia en estas cortes muy gran pueblo sobejo". Ordoño II en el siglo X le había hecho corte; llegó a ser la ciudad más importante de la España cristiana (para el peregrino curioso la lectura de Sánchez Albornoz para aquellos tiempos es una delicia) y un lugar "lleno de todas las felicidades" como nos diría dos siglos más tarde Aymeric Picaud al redactar su guía para los peregrinos.

En el año 68 de nuestra Era, la Legio VII Gémina Pia Félix nace aquí como campamento estratégico para la protección del oro de Las Médulas y las minas de plata de la región galaico-leonesa, al tiempo que como avanzadilla para retener las incursiones de cántabros y astures. De esta "legio" viene su nombre: León. Sin género de dudas, este trasiego de civilizaciones y de dificultades que nunca faltaron a León, ha dejado huella, no solo en los monumentos sino en el carácter de sus gentes acogedoras, sacrificadas y atentas.

Antes de traspasar las murallas encontraban los jacobitas el hospital de San Lázaro; de inmediato se veían inmersos en el Mercado del Rey presidido por un rollo de justicia regia en el pintoresco barrio de Santa Ana, cobijo de plateros, judíos, moriscos, mercaderes, cambistas y profesiones dudosas, pese a la proximidad del "rollo", como cuenta La Pícara Justina.

Barrio al que hemos conocido con un sabor y singular ambiente medieval que, desgraciadamente, ha ido perdiendo casa a casa, ante la mirada impotente y atónita de muchos. La iglesia de Santa Ana se debe a la reina Doña Urraca quien ordenó su construcción "para sepultura de peregrinos". Los que no habían entregado su alma al Señor podían encontrar cobijo en el antiquísimo hospital de Bermudo Pérez, después de Don Gómez, en las hospederías de antiguos monasterios próximos, o seguir, cruzando la Cerca hasta el "Barrio de los Franceses" para encontrarse con la iglesia que sucesivamente se ha ido llamando Santa María de los Francos, Santa María del Camino de Santiago y Santa María del Mercado. Waldo Merino recuerda el influjo de las peregrinaciones en este barrio latino, centrando en su entorno una aglomeración urbana de índole menestral, artesana y mercantil, de origen cispirenaico y transpirenaico, que condicionó la evolución ciudadana de León. Volviendo a la iglesia, la Virgen, en su advocación jacobea del Camino, está en el altar mayor; aún quedan en el ábside, ventanales, canes, capiteles y otros vestigios importantes de la primitiva iglesia románica del siglo XII. Fuera, la típica Plaza del Grano con su fuente y soportales. Desde ella, el jacobita podía seguir, sin salirse del Camino-calle, inmerso en un mundo gremial parecido al que le había recibido. Calles como la de la Azabachería y otras con nombres de gremios eran lugar de intercambio de recuerdos de la peregrinación y de venta de objetos muy diversos. Todo o casi todo lo que hoy es el castizo Barrio Húmedo de León, parada obligatoria recomendada a cualquier peregrino que se precie, se ha ofrecido durante siglos al trajín de los caminantes. Plaza de San Martín o de las Tiendas, calles adyacentes como la de Don Gutierre y Matasiete y el Moro Malacín, en los que la historia caballeresca se ha detenido.

Muy cerca de la Plaza del Mercado con su fuente, y por todo el barrio, tabernas y mesones, donde se pueden encontrar los fuertes platos populares leoneses ligados en su mayor parte a la cristiana matanza del cerdo; esa morcilla que desde Burgos ha ido perdiendo el arroz por el camino y que aquí es casi todo sangre; el cocido y las lentejas; las ancas de rana, todo con el buen vino leonés, como les gusta decir en sus coplas.

Los peregrinos de Europa con sus canciones ya no hacen que los leoneses se asomen a las ventanas

"Pour entendre la melodie
de ce bons pélerins françois"

como recordaban en sus previsoras canciones-guías, pero sigue el buen humor de los vecinos que aguantan con comprensible tolerancia las canciones de este Barrio de San Martín en el que hemos pasado tantas tardes inolvidables.

De la catedral, plagada de recuerdos jacobeos, no viene al caso repetir descripciones y laudes. Quizá baste decir con el humanista Lucio Marineo Sículo "que en artificio y sutileza sin duda tiene ventaja a todas" y rematar con la opinión autorizada de Gómez Moreno, que "la catedral de León es un perfecto modelo de arte ojival en el apogeo de su desarrollo, tan completo, tan puro, tan armónico, sobre todo por dentro, que acaso no haya otra donde más de lleno se goce de la emoción peculiarísima de aquel orden de iglesias, entrando la luz y el color a realzarlas".

En el parteluz de la fachada principal, la imagen de la Virgen en su advocación de Blanca, que nunca pierden los romeros en toda la calzada hasta Galicia como ella su sonrisa. En el apostolado, un Santiago Peregrino pobre; la columnilla de sus pies está desgastada por los besos y el roce de objetos religiosos del que ha sido objeto durante siglos por parte de los peregrinos para implorar protección en su marcha ilusionada.

La influencia artística y religiosa de la ruta de peregrinación se refleja por doquier. En todas las portadas de la catedral aparece Santiago, también en una jamba de la puerta principal del claustro, en altares y en las célebres vidrieras. Destaca en el retablo mayor de Nicolás Francés, del XV, la tabla superior en la que se representa el traslado del cuerpo del Apóstol desde Iria Flavia (Padrón) a Libradón (Santiago de Compostela); la sagrada reliquia va en el típico carro leonés y gallego de "cambas" con ruedas fijas en el eje; de él tiran los toros amansados de la Reina Lupa; en segundo término, se ve a un peregrino repitiendo la costumbre de arrojar una piedra en el humilladero de San Marcos.

El moderno peregrino debe ver en la girola el sepulcro del fundador de la catedral Ordoño II; reflejarse las vidrieras en la pila del agua bendita a la hora que os digan y, a la salida, pararse un momento a intentar penetrar en el diálogo de los Apóstoles en la portada de San Froilán. Aquí no es como en Burgos; todo está cerca en la ciudad medieval y, próximo a la catedral, se encuentra San Isidoro, paso y estancia obligada para el peregrino de todas las épocas, hasta el punto de que algunos se quedaban toda la noche en el interior del templo, en el que, por antiquísimo privilegio, se encuentra expuesto el Santísimo de forma permanente. El Codex Calixtinus pregona la existencia de las reliquias de San Isidoro, "Obispo, Confesor y Doctor que instituyó una piadosa regla para sus clérigos, y que ilustró a los españoles con sus doctrinas y honró a toda la Santa Iglesia con sus florecientes obras". Sus restos habían sido traídos por orden de Fernando I, desde Sevilla, en 1063. Tal fue la importancia que de intención se quiso dar por los reyes a este traslado que congregaron para el evento a lo más granado de los santos medievales de Castilla: San Íñigo, Abad de Oña; Santo Domingo, Abad de Silos y San Sisebuto, Abad de Cardeña (amigo íntimo del Cid, a quien le recordaría cuando su boda pocos años más tarde con Doña Jimena en el mismo San Isidoro, donde el romance la sitúa en la primera misa de parida).

San Isidoro es un hito jacobeo, recio y fuerte en primitiva piedra románica o incluso anterior, como en su curioso zodiaco. La Puerta del Perdón, obra del Maestro Esteban que labró la de las Platerías de Compostela, era la de los peregrinos. Del Panteón Real se ha dicho que es la Capilla Sixtina de la pintura románica. El Arca de San Isidoro y el Pendón de Baeza con el brazo del Apóstol Santiago que sale del cielo, son reliquias que siempre atrajeron el fervor y la mirada de los peregrinos; no en vano el Santo Sabio de las Etimologías sustituye a Santiago Matamoros en más de una ocasión en que se juega una fuerte baza guerrera, como en las Navas de Tolosa.

En lo alto de la torre, al lado de las murallas, está el gallo de San Isidoro (aunque en las coplas de bodega es de San Isidro), dorado y airoso, mirando a la ciudad por encima de los tejados y de los palacios de los Guzmanes, de los Lunas y Quiñones. Allá, en el verano, desde su altura, podrá ver, como la Pícara Justina, en el claustro de la catedral, la carreta de bueyes y el cortejo alusivo a la liberación del tributo de las "cien doncellas", conocido por fiesta de "Las cantaderas" y la docta discusión del "Foro u oferta" en la plaza del Santo de las Etimologías, el domingo más próximo a su festividad, entre un representante del Cabildo y otro del Ayuntamiento: el primero sostiene que es un foro o voto que obliga a la autoridad civil a satisfacerlo al haber sido liberada la ciudad por el Apóstol Santiago del tributo ignominioso y que en tal concepto de voto lo recibe; el representante del Ayuntamiento mantiene la postura contraria, que no es un voto sino una oferta voluntaria y como tal la hace. Esta fiesta, de vieja raigambre jacobea, acaba siempre en tablas y de ahí le viene el doble nombre de "Foro u oferta" aunque también se la conoce por "las cabezadas" debido a los mutuos saludos rituales de las "corporaciones contendientes". En ella sale a pelear la herencia de la antigua sede de justicia castellano-leonesa y la habilidad del cabildo ducho en oratoria y razones. Tomar en una cinta magnetofónica el duelo verbal del clérigo y el munícipe es revivir una sabrosa lección de dialéctica del derecho de contratos adobado con muestras de ingenio que nunca han faltado en estas tierras.

Dejamos el templo del docto y santo patrón de las Etimologías. Fernando II ya había dispuesto que los peregrinos pasasen "por ante la iglesia de San Isidoro" para mayor honra de la misma y saliendo de ella prosiguiesen la marcha hacia el hospital de San Marcos y el puente sobre el Bernesga. Hacemos caso de la disposición regia y nos dirigimos a San Marcos. En sus proximidades se bifurca el Camino; el viejo dicho asturiano y peregrino, que hoy hubiera recibido un premio master de publicidad, proclamaba:

"Quien va a Santiago y no a San Salvador,
visita al siervo y deja al Señor"

Eran muchos los que aceptaban esta amonestación y tomaban la ruta del Puerto de Pajares para acercarse a San Salvador de Oviedo. La única "hijuela" que este viejo peregrino admite a todo lo largo del Camino francés en España, y cuyo recorrido lamenta no poder aconsejar a los discapacitados, aunque no puede sustraerse al recordatorio, obvio, de que hoy existen vehículos de motor, de que la Cámara Santa, pese a los estropicios de nuestra Guerra Civil, aún está en pie y que la sidrina sigue siendo un buen lenitivo para los creyentes.

En un comienzo, junto al hoy bellísimo edificio plateresco de San Marcos, se fundó un hospital, el más importante y generoso de los no menos de diecisiete que tuvo León para acoger a los romeros, que bien pronto fue atendido por los Caballeros de la Orden de Santiago, congregación religiosa y militar dedicada a la lucha contra el infiel y la atención y defensa ocasional de los peregrinos a lo largo de toda la ruta francígena, que aquí tuvo su casa matriz. A la derecha del Hostal, en un edificio de dos cuerpos, se encuentra lo que fue el último albergue de caminantes a Galicia. Lo que ha querido volver a ser "Casa del Peregrino" se ha transformado en la sede del Procurador del Común de la Junta de Castilla y León. La primitiva casa de acogida del siglo XII, frente al moderno Hostal y en lo que son jardines, debía ser de extraordinarias proporciones. Allí durmió un siglo después Sordello, el galante trovador y burlador mantuano de la "pianíssima voce" junto a otros mil peregrinos y a quien Dante, el admirador de "il Barone", figura en el purgatorio recibiendo efusivamente a su compatriota Virgilio.

El Hostal de San Marcos es más para verlo que para describirlo. Baste con decir que es una de las obras maestras del plateresco español. En su portada campea el Santiago Matamoros. La Iglesia, de cruz latina, con conchas de piedra en su exterior, tiene uno de los mejores coros de España. Cerca de él, Don Francisco de Quevedo, caballero santiaguista y defensor a ultranza del patronato de Santiago sobre España, estuvo preso durante cuatro años en celda que él mismo describe "tan húmeda como un manantial, tan oscura que en ella es siempre de noche y tan fría que nunca deja de parecer enero. Tiene, sin ponderación, más traza de sepulcro que de cárcel". Hemos visto, en efecto, un habitáculo que responde a esta descripción, aunque siempre nos ha parecido que nuestro admirado rey de la burla y el ingenio, no estuvo tan preso y se guardaron con él, aunque con discreción, las merecidas consideraciones. El interior de San Marcos se ha convertido en hotel de lujo y lugar de convenciones. El claustro es un museo en el que se admira un extraordinario fondo de epigrafía romana, capiteles de Sahagún, lápidas hebreas, la "Cruz Votiva de Ramiro II" y, por encima de todo, el Cristo románico en marfil del siglo XI, conocido por "Cristo de Carrizo": es algo impresionante; quizás la más sugestiva obra de la eboraria románica española, por la que cualquier museo del mundo estaría dispuesto a hacer los mayores sacrificios.

A la salida de San Marcos existía un humilladero que desapareció por negligencias humanas y que ha sido sustituido por el que mencionábamos a la entrada de León y que sigue indicando el camino atravesando el antiguo puente sobre el Bernesga.

Salimos de León cruzando el puente sobre el Bernesga conjuntado con el Hostal y que lleva el mismo nombre de San Marcos. El primer pueblo va a ser Trobajo del Camino; el nombre nos dice que llevamos bien el nuestro y para adverarlo aún más, allí está la ermita de Santiago con el Apóstol a caballo mandando al paraíso de Alá a sus fieles.

De seguido, ascendiendo media legua, todo muy cerca y urbanizado, nos encontramos con el conjunto que se ha ido configurando en torno al "Santuario de la Virgen del Camino", Patrona de la provincia de León. La primitiva iglesia se erigió en el lugar donde en 1502 ó 1505 se apareció la Virgen a un pastor encomendándole la erección de un santuario, que, por estar al borde de la calzada de romeraje, se conoció como de la Virgen del Camino. Su hospedería consta ya en 1513. En un acta del Cabildo Catedral de 1525 se decía que "Las dignidades u otras personas de la Catedral que van a tener novenas en Santa María del Camino y juran que no van a otra cosa alguna, se les cuenten todos los derechos como a los que van a Santiago". Lo que entiendo quiere decir que los canónigos podían seguir recibiendo su estipendio por asistir a los oficios en el coro de la Catedral como si estuviesen haciendo el Camino de Santiago. Algo así como estar en la procesión (romería santiaguesa) y repicando las campanas (cantando los oficios en el coro); que siempre ha habido bulas para casi todo, y no es acuerdo único pues, así, por ejemplo, les contaba a los canónigos de Mondoñedo hasta que regresasen de su pía romería ad límina Sancti Jacobi.

Mas sigamos, que lo recién dicho no es milagro y sí el más sonado del moro y su esclavo, un mercader cristiano que os contarán allí en el santuario y del que se guardan como ex voto las cadenas con que estuvo aherrojado en la morería y el arcón donde le hacía dormir al infiel.

Este moderno santuario, donde siempre hay gran animación, es un acierto del dominico Fray Francisco Coello de Portugal. Y toda la imaginería en bronce, el gigantesco apostolado de la fachada, el Cristo del camarín, el San Froilán patrono de León, es obra del escultor José María Subirachs, que ha respetado a la Virgen, pero lo que es a los varones ...., no quisiera encontrarme con esas caras en el día del Juicio Final.

Dejando el Santuario se nos ofrecen dos rutas alternativas y nosotros escogemos la más utilizada siguiendo la N-120. Casi todos los pueblos que desde ahora jalonan la senda del Apóstol se apellidan del Camino, o lo han sido, como el siguiente Valverde de la Virgen. A continuación, en el antiguo páramo, San Miguel del Camino; el nombre del arcángel vencedor del demonio y facilitador del tránsito contra sus asechanzas es el titular de la parroquia, cuya bella imagen del siglo XV podríamos haber visto en el museo de la Capital.

Villadangos del Páramo, a legua y media del anterior pueblo, sí merece un alto explicativo del nombre y de su importancia en el iter jacobeo. En primer lugar, lo del "páramo" parece una broma, ya que, sobre todo a partir de aquí, los antaño áridos terrenos, gracias a los riegos del Órbigo, se ven cruzados por canales y acequias que han cambiado de raíz la fisonomía del paisaje hasta ser precisamente lo más opuesto a un páramo. Al final del pueblo, a la izquierda, está la iglesia dedicada a Santiago. En la parte superior de su segunda puerta aparecen dos relieves policromados alusivos a la batalla de Clavijo de Ramiro I contra Abderramán II; con realismo popular se ven las cabezas cortadas. En el altar mayor, presidiéndolo y al lado de dos tablas en las que se recoge el agradecimiento del rey Ramiro por la ayuda prestada por el Hijo de Bonaerges en Clavijo, irrumpe Santiago Matamoros de frente, dando un gran salto, con espada flamígera en la derecha, pendón rojo y blanco en la izquierda, rico manto y sombrero a la portuguesa. Como esta imagen, con la diferencia de que el jinete suele aparecer vestido de charro, botas, lazo y sombrero, con pistola alguna vez, se representa en Méjico en un buen número de iglesias. Es posible que éste de Villadangos sea el modelo. Al lado del caballero hay un Santiago peregrino, pero el jinete es el que manda.

A poco más de media legua de aceptable rodadura aparece San Martín del Camino volviéndonos a recordar que llevamos bien la ruta. La parroquia dedicada al santo obispo de Tours cobija en su interior a los otros protectores del Camino: San Miguel, San Roque y San Antonio Abad.

El caminante llega a Puente de Órbigo; este puente es de los más famosos del Camino en toda Europa: a su entrada tuvo lugar en el Año Santo de 1434, y aprovechando la afluencia de caballeros peregrinos con sus damas, el hecho caballeresco de armas más sonado de la cristiandad. Don Suero de Quiñones, noble caballero leonés, hijo del poderoso don Diego Fernández de Quiñones, pide licencia al rey Juan II para rememorar las aventuras de una Amadís y de un Tirante el Blanco.

"Por un rescate de amor", a campo abierto, "en fecho de armas": "Que yo - dice el hijo del Señor de Luna - seré con estos nueve caballeros que conmigo son, en el puente de Órbigo, arredrado algún tanto del camino, quince días antes de la fiesta de Santiago, y quince días después, fasta que sean rompidas trescientas lanzas por el asta con fierros fuertes en arneses de guerra, sin escudo nin tarja nin más de una dobladura sobre cada pierna".

El rompimiento de las trescientas lanzas, por él y sus nueve amigos, en liza con los más selectos caballeros que en peregrinación debían pasar el puente, se lo imponía el enamorado caballero como condición liberatoria, al considerarse preso de amor por una dama desconocida de cuyo testimonio daba fe una esposa de hierro que todos los jueves se colocaba alrededor del cuello.

El año elegido, como hemos dicho, el 1434, lo era de Perdonanza. Año Santo, de jubileo y de esplendor de la peregrinación caballeresca y galante. La asistencia de gallardos "jacobitas" acompañados de encantadoras damas era muy previsible; los farautes pregonan por calles y plazas la amplia grida de Juan II que había accedido a la petición de las justas en el passo hecha "en nombre del Apóstol Santiago"; resuena el pregón en Milán y en Venecia, en Zaragoza y en Pamplona, en Rotterdam y en Königsberg. Y la llamada tuvo su respuesta: no faltaron las damas, ni caballeros españoles, franceses, italianos, alemanes y portugueses. El notario Pero Rodríguez de Lena deja cotidiana constancia de cuanto sucede en el passo. A los caballeros se les invita a dejar la espuela derecha, y, sí iban con damas, el guante de la mano derecha y rescatar ambas prendas a punta de lanza con uno de los mantenedores del Passo Honroso.

Acabada la gesta, rotas muchas lanzas, rotos y maltrechos Don Suero y sus nueve amigos, mudados los arneses guerreros por muy gentiles atuendos, van todos, con gran armonía y buen humor, camino de Compostela. Don Suero deja en la basílica su presea de amor: un brazalete de oro con letras góticas azules formando una leyenda de gusto francés: "Si a vous ne plasyst avoyr mesura, certes ie di que ie suys sans ventura", que a José Carro le gusta traducir como, "Que será de mí, Señora, si no moderáis vuestro rigor".

El brazalete del enamorado justador lo luce Santiago el Menor, el de Alfeo, a guisa de collar en el busto-relicario que contiene su cabeza en la Basílica Compostelana. Pasados veinticuatro años, Don Suero, con cuarenta y nueve años, muere en un duelo a manos de Gutiérrez de Quijada, uno de los caballeros del passo que mantenía malos entendidos desde aquellas justas. Como muerto en duelo hay problemas para darle tierra sagrada. El gesto de Don Suero y sus amigos ha merecido comentarios muy contrapuestos. Desde las rotundas descalificaciones de Fernando Sánchez Dragó hasta las exaltadas y benévolas de don Mariano Domínguez Berrueta: "la hazaña más caballeresca, más romántica y más bella que registra la historia universal".

Por mi parte, y como he dicho en otro lugar, cuando Don Suero rompe la última lanza en el Passo Honroso, con ella se quiebran, definitivamente, cinco siglos de espiritualidad jacobea. El Camino nunca volverá a ser la vía de la "peregrinatio ad limina Sancti Jacobi"; una turba de mendigos, busconas, gallofos, bordoneros, truhanes y pícaros de toda laya, disfrazados con el tosco sayal de peregrino, como le gustaba decir a Don Elías Valiña, se apoderará del otrora camino santo cuya guía aún son las estrellas.

Pasado el puente, se entra en Hospital de Órbigo. El pueblo ha sabido sacar provecho de la gesta de Don Suero y a comienzos del mes de junio celebra una gran fiesta rememorando las justas medievales. De una reseña de prensa del último Año Santo tomo lo siguiente: "El bucólico entorno del puente medieval, uno de los más pintorescos y de mayor longitud del camino de Santiago, así como las empedradas calles de la Plaza Mayor y el contraste de las dos iglesias a cada lado del puente, realzan ese retorno al pasado. Ni siquiera las señales de tráfico se dejan a la vista y los balcones y calles se engalanan con escudos heráldicos y banderines. Los actores, saltimbanquis y malabaristas se encargan de animar la fiesta, organizando también un mercadillo de artesanos donde se pueden admirar y adquirir las obras de bordadores, pasteleros, ceramistas, curtidores y escultores. Pasacalles de gaiteros, misas en latín, conciertos con repertorio al uso, bailes del medievo, una divertida cena medieval, tiro con arco... Lo más espectacular y vistoso es siempre el torneo medieval... Don Suero de Quiñones vuelve a salir victorioso de la contienda".

Dejamos Hospital de Órbigo, donde también otros caballeros, los Hospitalarios de San Juan, tuvieron casa para acoger a los peregrinos, y avanzamos 2 Kms. por la sirga santiaguista hasta Villares de Órbigo. En el retablo mayor de su iglesia de Santiago, el Matamoros campea recordando a la morisma el quién manda. El paisaje es hortelano en contraste con aquellos campos duros del comienzo de etapas en tierras de León. Santibañez de Valdeiglesias nos vuelve a ofrecer en su parroquia de la Santísima Trinidad a Santiago Matamoros y al bendito San Roque ataviado de peregrino. Una fuente, bajo el nivel del suelo, ofrece su agua a los caminantes.

A estas alturas la meta del romero es Astorga, pero la calzada se ha vuelto de difícil tránsito; seguir las márgenes de la N-120, que nos es familiar desde Logroño, es una opción con las conocidas prevenciones del caso.

El camino tradicional asciende hasta el crucero de Santo Toribio. Detrás, la vega y en lontananza, Astorga y la Maragatería: todo un mundo diferente, con mucho de mágico, plagado de tradiciones camineras, de historias antiguas, de mitos; lugares magníficos para la evocación y el refocilo del cuerpo y, si puede decirse, del alma.

ASTORGA

Al peregrino que viene bien azacaneado de las duras etapas anteriores le van brillando los ojos mientras desciende de Santo Toribio y se encamina hacia Astorga. Y es que la vieja capital de la Maragatería es como un sueño que se nos aparece como una antigua nave romana con aire joven. Cruce de caminos desde los albores de la historia, donde la huella romana, la Augusta, persiste con sorpresas y hallazgos de todos los años. Víctor de la Serna la llamaría "ciudad joven con más de dos mil primaveras". Al pasar por aquí el incansable viajero e historiador Plinio, camino de Bergidum, para hacerse cargo de la administración de las minas de oro de Las Médulas, encuentra tan bella y pujante a Astúrica Augusta que no vacila en adicionarla el calificativo de "Magnífica".

La tradición, recogida en la abocinada portada principal de la catedral, sostiene la presencia del Apóstol Santiago y su predicación aquí camino del Finisterre.

Lo cierto es que su Obispado, mantenido a través de los siglos, ofrece en época tan temprana como es mediados del siglo tercero, el nombre del primer obispo astorgano y, desde el siglo VII se erige en cabeza de un importante movimiento monacal.

Como ciudad de camino, es la meta de la célebre calzada romana de Astorga a Burdeos seguida en el comienzo de la peregrinación por los primitivos jacobitas y el punto de enlace con la vía francígena de la Ruta de la Plata, utilizada más tarde por los peregrinos de Salamanca y Zamora. El camino jacobeo penetraba en la ciudad por la Puerta Sol, acceso al recinto amurallado que aún se mantenía a comienzos del siglo pasado y muy próximo al Hospital de las Cinco Llagas o de San Esteban, fundado en la segunda mitad del siglo XI y en el que más tarde se refundirían cinco cofradías que mantenían hospitales para la asistencia a los romeros. Eran tantos los lugares de acogida que, como recuerda don Luciano Huidobro, "con ello se daba margen y ocasión al abuso, favoreciendo la vagancia y el horror al trabajo de los aficionados a vivir a costa del prójimo, mal que siempre ha existido y de seguro existirá perpetuamente". Relata el mismo autor que el 11 de julio de 1521 se ven precisadas a reunirse las cofradías astorganas de San Esteban, Santa Marta, San Félix, los Mártires, Corpus Christi y San Nicolás. En esta reunión se expusieron los abusos y perjuicios que se les ocasionaban por los pobres y peregrinos que recorrían todos los hospitales "haciendo la rueda", acordándose tomar medidas comunes, como la de crear visitadores que girasen visita diaria a los hospitales y cuidasen de que sus usuarios no estuviesen más de tres días a no ser que estuvieran enfermos. Pero lo más útil resultó la contratación de un "hechador" que manu militari, desalojaba a los maulas, correteadores y gorrones de los recintos hospitalarios, corriendo a cargo de todas las cofradías el costo de tan expeditivo servicio.

Los peregrinos seguían por la Rúa de las Prendas, frente a San Francisco, donde funcionó un animado mercado abastecedor de la ruta. Por ruego de San Francisco, según la tradición que cada vez se va abriendo más paso documental, se funda el convento que, pese a estar ocupado por los Redentoristas, sigue llevando el nombre del Santo de Asís. El portero nos enseña en el patio el pozo que construyó el santo. Los romeros pasaban, casi sin solución de continuidad, frente a San Bartolomé (San Bartolo para los astorganos) que en su testero conserva una torre posiblemente del XI.

Dirigiéndonos hacia el Sur y próxima a la calle que accede a la Plaza Mayor, se encuentra una de las entradas a la ergástula romana, monumento nacional, justificado por su extraordinario interés, en forma de inmenso y oscuro túnel que sirvió de cárcel de esclavos en la época del Imperio.

En la Plaza Mayor, uno de sus lados lo ocupa el más bello palacio municipal de toda la ruta jacobea; un edificio barroco con el famoso reloj de los maragatos en la espadaña central golpeando con un mazo la campana "sin dar nunca los cuartos, como buenos maragatos", lo que se contradice con el hecho de que sólo Burgos, a lo largo del Camino, le superase en instituciones benéficas, por lo que con plena justicia se la denomina a Astorga "gran mesón de caridad, en favor de los romeros".

No hay lugar para detenernos en la gastronomía astorgana. En el entorno de la Plaza Mayor hay algún restaurante famoso; las mantecadas están unidas al nombre de esta villa arzobispal y desde hace diez años cuenta con un museo del chocolate, por lo que a sus muchos títulos podría sumarse con justeza el de "dulce y sabrosa ciudad de Astorga".

Mas nosotros, a pie o en silla de ruedas, intentamos continuar el camino por la "Rúa Nueva", hoy calle de Pío Gullón, que va perdiendo el ambiente antiguo que le daban sus casas señoriales y el trajín comercial; buen sitio para recordar las ordenanzas de la cofradía de zapateros de San Martín que facultaba a los del gremio a trabajar en domingo - dispensa excepcional - si se trataba de reparar el calzado de los peregrinos, que seguían por la "Caleya yerma" o calle vacía, donde había una ermita dedicada a Santiago. Más allá, la calle de Santa Marta con la capilla de San Esteban y, a su lado, la enigmática "celda de las emparedadas" con una sola ventana de barrotes y la inscripción sobre granito, recordatorio que más parece inscripción sepulcral, de las mujeres que allí moraban por grado o por fuerza "Memor esto judittei mei: sic enim erit et tuum. Mihi heri et tibi hodie".

Dejamos en su paz a las emparedadas para recrearnos con la catedral; iniciada en gótico tardío que se admira mejor en su interior y en el ábside, ofrece en su portada barroca en piedra de un pardo rosáceo, escenas de la advocación evangélica de Santiago, cuya imagen con atuendo peregrino vuelve a repetirse en la fachada.

El retablo mayor, de Gaspar de Becerra, acredita el calificativo que se le ha dado del Miguel Ángel español. La sillería del coro es para verla con detenimiento y entretenerse en la contemplación de sus "misericordias".

Pedro Mato, con sombrero y ataviado al estilo maragato, saluda a todos desde lo alto de un extremo del ábside; aún no se han puesto de acuerdo los astorganos sobre si fue un guerrero en Clavijo o un rico hacendado zamorano protector de la catedral.

Y muy cerca, sorprende encontrarse en la capital de la legendaria Maragatería con un castillo neogótico propio de los cuentos de hadas y con una de las obras más acabadas y perfectas del incomparable Antonio Gaudí. Ni un detalle se escapó al genio del maestro, que, como paradigma de cómo debe ser un trabajo, vivió su obra.

El palacio, con gran acierto, ha sido transformado en Museo de los Caminos; en sus plantas se exhiben documentos diversos relacionados con la peregrinación, tallas, piezas etnológicas, arqueológicas desde la época romana y una vistosa colección de arte sacro. Nos alegra encontrar aún en una vitrina el recuerdo personal que dejamos a Don Marcelo en 1963 cuando íbamos andando a Compostela y nos contó su propósito de fundar el Museo de los Caminos en el entonces inusado palacio episcopal.

A la salida de Astorga dos son los itinerarios de auténtico romeraje santiagués que el peregrino podía elegir para salvar la distancia que le separa de Ponferrada: el del puerto del Manzanal o el de Foncebadón. El primero suponía seguir la ruta de la vía romana "Nova" que acaba en Braga (que prácticamente coincide con la carretera del Manzanal) para unirse con el segundo en Ponferrada. Este primer itinerario es el que aconseja Künig von Vach dando a entender que no existen montañas en el mismo, lo que sólo es relativamente cierto si se las compara con las de la otra ruta.

Si intentamos acercarnos a lo que fue la senda más utilizada por los andarines de la fe que veían en el cielo las herraduras estrelladas del caballo del patrón Sant-Yago, si queremos seguir con el Códice Calixtino y sentir una emoción imborrable; tomad el bordón de la fe, poneos las conchas de las buenas obras y con el morral bien repleto, salid por detrás de la catedral por lo que fue Puerta del Obispo y preguntad por el "Camino francés de Foncebadón".

Valdeviejas está a la misma salida de Astorga y en igual circunstancia de este pueblo, a la izquierda, la ermita del Ecce Homo. El camino se vuelve muy difícil para los motóricos. En Murias de Rechivaldo se inicia el puerto físico de la Maragatería. Su iglesia de San Esteban tiene una espadaña a la que se accede, al igual que en otros pueblos de la maragatería, por una escalera de obra de fábrica exterior. En lo alto de esta espadaña, el nido de la cigüeña símbolo de la fidelidad para los maragatos. El terreno comienza a ser pobre y el monte bajo a dominar el paisaje; la tierra va tomando un color rojizo. Seguimos la marcha y de pronto, a la derecha, un mínimo alejado del Camino francés, aparece uno de los pueblos más encantadores y mejor conservados de España: Castrillo de los Polvazares, exponente de la más genuina arquitectura maragata, con su ancha calle, con su suelo empedrado, no de guijarros sino de esas piedras rojizas próximas a la pizarra que ofrecen caras planas y que se utilizan con profusión en la senda que estamos pisando. Hoy están abiertas una buena parte de estas casas cuya distribución interior, con patio carreteril alargado y vividero, es similar en todas ellas. Casas ricas en suelo pobre y con recuerdos traídos por los arrieros maragatos durante siglos. Para algunos es impensable no probar el célebre cocido maragato, con la sopa al final. Concha Espina situó por estos pagos su novela "La esfinge maragata".

Sintiendo el olor a izquierda y derecha de las plantas aromáticas nos acercamos a Santa Catalina de Somoza (so moza es 'so el monte', el Irago que enseñorea el paisaje). Como es costumbre, la calle Real es el Camino. Hospitalario fue este pueblo del que Arnold von Harff recuerda su gran hospital. La reliquia de San Blas, abogado contra los dolores de garganta, es venerada cada 3 de febrero con misa y animada procesión.

Vamos subiendo poco a poco y entramos en El Ganso. Tuvo hospital para peregrinos desde el siglo XII. Iglesia parroquial y fiestas patronales son las de Santiago. En el atrio de acceso está la capillita del Cristo de los peregrinos. Aún queda alguna de las casas con cubierta de paja de centeno, formando lo que llaman bilortos que atan a los palos que sirven de armazón para la cubierta; las casas teitadas que tanto nos llamaron la atención hace treinta años, cuando decíamos: "Un carro de bueyes con su andar cansino viene de frente: El monte bajo, en manchas dispersas domina el paisaje. El habla de los nativos cobra un acento dulce que recuerda el gallego, aunque el vocabulario es castellano". Vamos pensando en "La esfinge maragata" de Concha Espina: "Aquí, de agricultura, pues... el centeno; de costumbres... nacer, emigrar, morirse. ¡Cómo en todas partes!". Algo centeno hemos visto, decía, pero emigrantes ya no quedan, el último se fue".

RABANAL DEL CAMINO

"Inde Raphanellus qui captivus cognominatus est". Reza el Calixtinus al final de su novena etapa. La recepción nos la hace el roble de los peregrinos con su generosa sombra. Estamos en lo que fue pueblo importante de la ruta santiaguista; tuvo varios hospitales; de uno de ellos, de San Gregorio y comentando su libro de cuentas, en la guía de la exposición "las Edades del Hombre" en la catedral de Burgos se leía: "Lugar de paso siempre y por tanto de necesidades inaplazables por cansancio o enfermedad de los peregrinos: prototipo de hospital rural, su libro de cuentas es una valiosa fuente para conocer su financiación, sus vicisitudes, el tipo de servicios que ofrecía a los pobres y peregrinos, que iba desde la alimentación, cama y atención sanitaria de urgencia hasta el traslado en caballería de los enfermos hasta un lugar donde tuvieran mejor acomodo".

Recuerdo de esta antigua atención hospitalaria son los tres albergues con mucho encanto que hoy prestan asistencia a los jacobitas. Los ingleses, organizados en la Confraternity of Saint James y la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de El Bierzo, regentan el que han denominado de "Gaucelmo". La familia Rodríguez el de Nuestra Señora del Pilar, con una sensibilidad exquisita. Los monjes de Santo Domingo de Silos también se han instalado en Rabanal y atienden a los peregrinos y el culto de la iglesia parroquial de la Asunción, curioso ejemplar románico que, junto con una casa hoy desaparecida, perteneció a la poderosa bailía del Temple en Ponferrada y debió cumplir la misión de servir como avanzadilla para facilitar el tránsito de los peregrinos por el próximo paso de Irago.

Este "Raphanellus" del Codex Calixtinus parece haber revivido en los últimos años al igual que el ave fénix. Quedan recuerdos de la arquitectura religiosa como la ermita del Santo Cristo y la capilla de San José, y de la arquitectura civil con varias casas fuertes típicas, entre la que destaca la de las "Cuatro esquinas" en la que se hospedó Felipe II. Hay un singular y animado ambiente jacobeo en todo este pueblo.

Del pueblo que sigue, Foncebadón, y la Cruz de Ferro prefiero seguir reflejando la impresión de hace muchos años, y es que es tan poco lo que ha cambiado ...

"El Camino se vuelve áspero, pero sin la rudeza de los Montes de Oca; es distinto, más empinado; a lo lejos y a la izquierda del caminante, el legendario Teleno, aún con nieve pese a lo avanzado del año; a la vera del camino montuoso, alfombras de flores rosas, amarillas y blancas. Subiendo sin cesar, aparece un pueblo fantasma y en ruinas; hasta del en extremo rústico crucero de madera, que llamó la atención de otros peregrinos al penetrar en Foncebadón, solo queda un palo al comienzo de su ancha calle; lo demás, silencio. Dan ganas de ponerse a gritar. De sus casas se ha ido haciendo almoneda por tres perras gordas; arcones, mesas, camas, barros y hierros se encuentran en hostales y villas por toda España. No ha quedado más que el silencio y una pobre viuda asustada que, solitaria, aguanta con unas gallinas que picotean entre las piedras de las casas muertas. Muy cerca, apenas si es posible distinguir, entre los restos de rústicas pizarras que sirvieron de cubierta y piedras que fueron paredes, el sitio que ocupó la célebre alberguería de Foncebadón, fundada por el monje Gaucelmo a finales del XI, tan importante como la de Roncesvalles y la del Cebrero por su situación estratégica, donde se hacía insoslayable un buen refugio para los rigores del clima en la mayor parte del año, así como la posibilidad de oír el toque de campana orientador de los romeros extraviados. El sitio sobrecoge el ánimo. De Roncesvalles a Compostela - concluía yo hace muchos años - nada me ha impresionado más en el Camino que Foncebadón".

Se abandona, no sin cierta dificultad, Foncebadón; se atraviesa un arroyo y se inicia el ascenso hasta coronar el Monte Irago y aparece la celebérrima Cruz de Ferro, el hito jacobeo más evocador de todo el Camino francés. El astil primitivo, un gran palo retorcido de unos seis metros de altura que sostenía la cruz de hierro, tras ser objeto de un par de salvajadas pueblerinas, tuvo que ser sustituido por el poco gracioso actual que, por no sé que extraña nueva costumbre, los viandantes han cogido la manía de revestir con quincalla. La cruz original, para prevenir expolios, se ha depositado en el Museo de los Caminos de Astorga. Con todo, en pie está y creciendo el bimilenario montón de piedras de muy probable origen pagano, un monte de Mercurio, dios de los caminantes. La tradición sigue viva y los que pasan continúan depositando una piedra y piden, como los viejos peregrinos, que el Camino les sea ligero y feliz.

En la explanada se ha construido una moderna ermita dedicada a Santiago, con piedras de la que fue iglesia de Manjarín. Estamos a poco más de 1.500 metros de altura. A la espalda del santiaguista, la Maragatería, al Poniente, bajando por el sendero de peregrinación, El Bierzo y, en lo alto, el cielo al, que por la izquierda, recorta la sierra del mítico Teleno, morada que fue de Marte y que, como viejo y sabio guerrero, no nos pierde de vista.

Descendemos por una senda zigzagueante hasta el viejo Manjarín; de él sólo queda el cementerio, a la izquierda. El pueblo que conserva la típica fisonomía alargada, sigue deshabitado. Del hospital no quedan ni las ruinas. Pero Manjarín no está tan del todo abandonado como parece; en un rincón, Tomás, que se autoproclama el último templario, ha abierto un refugio y allí acoge e inicia en antiguos ritos caballerescos a los esforzados romeros que acuden a su hospitalidad. Dos ocas guardianes, como las del Capitolio, le acompañan.

Hay algo de triste en Manjarín que no soy el primero en anotar.

Descender de Manjarín a El Acebo, debe hacerse fijándose en el cielo y en el suelo; en éste, se encuentran en las piedras huellas de siglos de esfuerzos por humanizar la ruta: hacerla pasajera. En esta tarea, los hombres del Concejo de El Acebo merecieron ser beneficiarios de regias franquicias (entre ellas la exención del servicio militar), como las recogidas en la ordenanza de los Reyes Católicos de 1489 por su compromiso de colocar señales que sirvieran de orientación a los caminantes y así pudiesen superar las dificultades que ocasionaban las fuertes nevadas.

Sí, a partir de ahora, sobre todo a la altura de Riego de Ambrós (aunque en el mismo El Acebo acabo de acariciar a una mastina imponente de solo ocho meses), os encontráis con un rebaño acompañado de mastines leoneses, habéis de saber que estos no son para ayudar a conducirlos como los perros de pastor, para lo que el mastín no sirve; son para tener a raya a los lobos. En la Península Ibérica, el único animal que acomete y vence al lobo (y éste lo sabe y por eso le teme) es el mastín.

En alto está aún El Acebo; aunque pocos, todavía quedan perdidos alguno de estos árboles navideños que dan nombre al lugar que nos recibe con una modesta cruz y a su lado la ermita de San Roque. ¿Qué sabemos nosotros de este santo en comparación con nuestros padres?

Lleno de vida, en contraste con la ristra de pueblos que hemos ido dejando, está El Acebo; ahora hay tres albergues bien pertrechados para atender en este Año Santo a los jacobipetas. Gumersindo, en el mesón de igual nombre del pueblo, cuida la más típica gastronomía berciana. La histórica Fuente de la Trucha (yo la he conocido con trucha comiéndose los mosquitos) continúa en su sitio para alivio de los caminantes.

En la parroquia de San Miguel, los vecinos custodian una de las más bellas e ingenuas tallas románicas de Santiago, cuya titularidad quieren negar algunos por no tener los atributos que le son típicos, pero si debió tener una espada de oro en la mano que desapareció. "Ya se lo han querido llevar, pero no lo hemos permitido porque es nuestro Patrón y mientras nosotros estemos aquí, él estará con nosotros".

Llegamos, descendiendo, a Riego de Ambrós. Su parroquia es también jacobea; su titular, la dulce y acogedora María Magdalena. El peregrino de antaño lo sabía. La calle Real es ya Camino Real jacobeo que, sin dejar de bajar, nos lleva al pueblo siguiente. Antes se ven algunos castaños.

Molina Seca, hito que figura en todos los itinerarios de la vía francígena. A su entrada, a la derecha, el santuario de Nuestra Señora de las Angustias o Preciosa, casi metido en la montaña; con su puerta debieron tramarla todos; tuvo que recubrirse con chapas de hierro para evitar que los santiaguistas la destrozaran ya que era costumbre llevarse astillas de ella como recuerdo. Los gallegos, al regreso de la siega en Tierras de Campos, para ahorrarse alguno de los duros que tanto les había costado ganar, se disfrazaban de peregrinos; fácil les resultaba, pues las inclemencias de la siega y de su largo caminar les habían dejado impreso un cierto aire peregrino; proveerse de un bordón tampoco les era difícil; sólo les quedaba desprenderse de los hocinos y esto lo hacían introduciéndolos por una rendija de la puerta del santuario del que estamos hablando. Obiter dicta tengo que dar razón a Salvador de Madariaga cuando, aún siendo más galleguista que yo, se queja de aquella cuarteta de Rosalía de Castro:

¡Castellanos de Castilla,
tratade bien ós gallegos:
cuando van, van como rosas,
cuando vén, vén como negros!

El ir a la siega a Castilla y hasta el regresar, como piadosos peregrinos cuando podían, era un trabajo y un riesgo asumido; pero sobre todo era una muestra de hombría: El mozo gallego no regresaba humillado sino hecho un hombre; había superado la "mili" del trabajo y hasta se podía casar.

Mas volvamos a la guía. Hay que pasar el antiguo puente de peregrinos sobre el Meruelo que conduce a la calle Real, una vez más la de los peregrinos, con casas blasonadas y corredores de madera. Ese moderno y pertinaz santiaguista que es mi amigo Ovidio Campo, no duda en decir que ésta es una de las localidades más entrañables, agradables y hospitalarias de todo el Camino de Santiago, dejando memoria en el "Diario de un peregrino del siglo XXI" de las calles abarrotadas de bodegas y gente: las bodegas de Mariano, El Pisón, El Jacobeo, El Labrador, El Lagar, Casa Ramón, El Palacio y muchas más, cerca de cuarenta, hacen de esta localidad un auténtico templo al buen beber y el mejor comer. Y es que - concluye la etapa diciendo - me encuentro en El Bierzo, paraíso natural cultural, gastronómico y lo más importante, con unas gentes maravillosas.

Yo he llegado a tratar a un vecino viejo que nos decía haber conocido las bodegas del palacio de las Torres con muchas cubas de hasta dos mil cántaras.

Queda por ver en este pueblo el templo neoclásico de San Nicolás, patrón protector de caminantes y de quienes se embarcan por la mar; su benéfica ayuda la secunda, en el interior, San Roque Peregrino.

Dejando atrás el regusto de los afamados chorizos de Molina Seca y pasando por Campo, en la ribera del Boeza, se entra en Ponferrada por el Puente Mascarón.

PONFERRADA

Desde la Cruz de Ferro hemos descendido casi mil metros. Los ríos Boeza y Sil eran en la Alta Edad Media un obstáculo difícil de superar, hasta que en el siglo XI el obispo Osmundo de Astorga, para facilitar el paso de los jacobitas, refuerza con hierro, "Pons-ferrata", un puente sobre el Sil. No estaba poblada esta etapa del Camino, en la que se crea un burgo al lado del "puente aferrado", del que va a recibir nombre, y un hospital. Los primeros peregrinos, antes del obispo astorgano, tenían que encaminarse al Este ascendiendo al monte Arenas hacia Santo Tomás de las Ollas para luego cruzar el Sil utilizando un vado, con frecuencia peligroso, y dirigirse a Columbrianos.

Desde este alto de Santo Tomás se divisa Ponferrada, la mayor ciudad no capital de provincia, aunque ella lo sea de la comarca del Bierzo, del conjunto castellano-leonés. Por el Puente de Escarín se entra en el barrio del Puente de Boeza, y pasado el puente Mascarón sobre el mismo río Boeza, se accede al castro urbano de Ponferrada; las calles Hospital, Salinas, Plaza del Temple y calle del Comendador, nos acercan hasta la basílica de la Virgen de la Encina, patrona del Bierzo. Esta imagen entra en el grupo de las Vírgenes negras, y quiere la tradición que fuese traída de Tierra Santa por Santo Toribio de Astorga. Hacía el año 1200 los templarios redescubren la imagen oculta en una encina para ponerla a salvo de la invasión musulmana y de ahí viene su nombre. En un precioso camarín se aloja "la Morenica" presidiendo el retablo mayor.

Doménico Laffi había dejado anotado que Ponferrada es bastante hermosa y rica en todo, que tiene una plaza muy grande y hermosa, muchos conventos y hermosos edificios. Cierto es y están para adverarlo, además de la gran basílica citada, la iglesia de San Andrés, el convento de las MM. Concepcionistas, el hospital de la Reina y el edificio del Ayuntamiento; cerca de éste, la llamativa Torre del Reloj que sirve de paso al recinto medieval. Los grandes de la literatura odepórica hacen referencias al vino de esta ciudad, que sigue consumiéndose con abundancia en las tabernas del casco viejo.

Las guías pueden olvidarse alguno de los hospitales que tuvo Ponferrada para acoger a los peregrinos, del Museo de la Radio "Luis del Olmo", de El Ferrocarril o del Bierzo, instalado en la antigua cárcel, con piezas desde el paleolítico hasta nuestros días, pero lo que nunca se olvidan de citar es su célebre castillo templario. Sin asomo de duda, la fortaleza más sugestiva y misteriosa de todo el Camino francés. Los caballeros de esta Orden comenzaron su edificación en 1178 y lo habitaron hasta el año 1312 en que, tras nefandas acusaciones, fue disuelta la Orden que había recibido y cumplido el encargo de proteger la senda de peregrinación desde Astorga a Castro de Sarracín, ya cerca de El Cebrero. La imponente fortaleza roquera sobre el Sil de más de diez mil metros cuadrados, plagada de signos misteriosos y de jeroglíficos, con la "Tau" que aparece en la clave de la puerta de acceso, fue bailía del Bierzo, tan querido por los templarios, y lugar de acogida de los peregrinos jacobeos. Los misterios del Temple y su castillo de Ponferrada siguen siendo tales para la gran inmensidad de los profanos y no iniciados en el mandato final del Nomos hipocrático: "Las cosas consagradas se revelan solo a los hombres consagrados; se halla vedado revelárselas a los profanos, mientras no sean iniciados en los misterios del saber".

Las personas con discapacidad y que desde Astorga hayan tenido que coger la carretera nacional atravesando el Puerto del Manzanal, Combarros, Manzanal, Torre del Bierzo, San Román de Bembibre, San Miguel de las Dueñas y Santo Tomás de las Ollas, ya encima de Ponferrada, si no se han detenido en ningún otro sitio, deben hacerlo en este último pueblo de Santo Tomás. Su iglesia mozárabe, cuyo nombre proviene de San Pedro de Montes, que tenía en aquel lugar un taller de alfarería en el que se hacían ollas, ofrece en su desnudo interior un ábside abovedado que, desde el exterior cuadrado no se adivina, al que se accede por un gran arco de herradura; la capilla del altar mayor está rodeada de nueve arcos ciegos en forma de herradura y desprovistos de pieza clave; sobre ellos se apoya una curiosa, por lo original y quizá única, bóveda de casquete de cemento. La obra arquitectónica de Santo Tomás de las Ollas tiene mucho de auténtico y produce la sensación de reencuentro con algo indefinible.

Venciendo la tentación de visitar la Tebaida leonesa y Las Médulas, pues el peregrino debe ir siempre recto, recomendaba el Rey Sabio, seguimos el camino, aunque mejor sería decir la calle, hasta Camponaraya, donde el bien histórico de mayor interés corresponde a los restos del monasterio de Santa María de Carracedo.

En las suaves laderas comienzan los viñedos y entre ellos llegamos a Cacabelos, en el Codex "Carcavellus". Nos las arreglamos para entrar por Cimadevilla. La calle de los peregrinos configura el carácter de una población jacobea, alargada, con vida a derecha y a izquierda. A esta mano, al comienzo, la plaza de San Lázaro, en recuerdo de la ermita y hospital que allí hubo bajo la advocación de este santo acogedor de los peregrinos malatos con su capilla dedicada a San Roque, eterno peregrino. La presencia de Prada a Tope, gran impulsor de los productos típicos del Bierzo y de sus vinos, se hace sentir: lo que fue hospital de San Lázaro hoy es "La Moncloa", sede de la gastronomía leonesa. Descendemos por la calle de Santa María hasta la iglesia parroquial de este nombre que conserva algunos restos románicos. Desde la plaza de Santa María vamos al puente sobre el río Cúa, construido de ex profeso para facilitar el paso de los romeros. Desde su alto vemos media docena de piraguas remando. Pasado el puente y un canal molinero aparece el Santuario de la Quinta Angustia, conocido en la antigüedad por "Santa María de la Edrada" haciendo referencia a la "strata" del camino a Galicia; cerca existieron tres hospitales de peregrinos; en la puerta de la sacristía el relieve policromado en el que aparecen San Antonio y el Niño Jesús echando una partida de cartas: el santo todo serio juega con el palo de oros y el Niño, vestido de largo sobre una peana que se eleva sobre una nube, con el de copas; puede que al reservársele las copas, el autor del relieve quisiera hacer una referencia llena de intención a la abundancia y calidad de los vinos del Bierzo; vinos blancos, claros y tintos que gracias al trabajo de muchos y a su probada calidad, de la que dejan recuerdo tantos autores de guías de peregrinos como Hermann Künig von Vach, a quien hemos citado en varias ocasiones, se han abierto camino definitivamente. A la salida del santuario, el albergue de peregrinos acaba de ser adaptado para las necesidades de los discapacitados.

Dejamos Cacabelos, centro de la olla berciana, y, sin dejar de estar escoltados por viñedos, ascendemos hasta Pieros. Aquí el campo ofrece un paisaje más accidentado; al oeste se nota el castro de "Bérgidum Flavium" cruce de vías romanas y lugar del que proviene el nombre de toda la región del Bierzo.

VILLAFRANCA DEL BIERZO

Cuando nos vamos haciendo viejos y más aún viejos peregrinos, vamos a la vez consolidando viejas querencias: en el Camino, como es tan largo, tengo tres, y una de ellas está en esta villa franca y tiene doble edad que la niña bonita. Pena es que los discapacitados, en especial los motóricos, tengan dificultades para acceder a algunos sitios; hay calles empedradas y en cuesta; no obstante, sé que "la reflexión", que encabeza los capítulos de esta guía no hará ocioso mi comentario. Va por vosotros; escribo en la mañana de los buenos tiempos: Montecristo del 3 en la zurda y pluma con tinta azul en la diestra.

Como se dice en las fichas de esta guía, pasado Pieros se inicia el camino de la Virgen que nos conduce a Villafranca del Bierzo. Sin embargo, dicho camino presenta sus dificultades en el firme, por lo que se puede continuar por la carretera y entrar sin dificultades por el castillo-palacio de los Marqueses.

Cuando el Codex Calixtinus, en el primer tercio del siglo XII, fija en Villafranca el final de la décima jornada del Camino, aparece como un "vico y Francorum", o "villa Francorum". "Villa amable y riente", que decía Millán Bravo. Los francos atraídos por el Caminum beati Jacobi, se habían asentado aquí en fecha bien temprana. Alfonso VI reconoce esta presencia y facilita la llegada de los monjes cluniacenses, grandes arregladores del Camino francés. Desde aquellos tiempos el nuevo burgo no deja de animarse y enriquecerse; la proximidad del abrupto camino que se inicia a su salida obliga a reponer fuerzas en cuerpo y alma par poder seguirlo.

Cuando el culto clérigo boloñés Doménico Laffi pasa por aquí en la segunda mitad del siglo XVII, la ciudad (que dos siglos más tarde llegaría a ser capital de una provincia más de España), viniendo desde Cacabelos, le produce la siguiente impresión: "..., y tras pasar por muy hermosos campos llenos de frutas, llegamos a Villa Franca. Es éste un hermosísimo lugar situado en un valle entre cuatro altísimas montañas, donde confluyen dos grandes ríos. Es el último pueblo del reino de León, aunque mejor se le podría llamar ciudad por ser muy grande y rico. Tiene muchos conventos, tanto de frailes como de monjas, una gran plaza y hermosísimos edificios. También tiene un gran hospital para peregrinos. Por la mañana nos dirigimos a los Padres Jesuitas a decir la misa, y nos dieron limosna y desayunar. En esta gran villa, digo grande porque hay ciudades que no son tan grandes y nobles como ésta, hacen bastante caridad a los peregrinos, sobre todo a aquellos que llevan el "ferraiolo", que allí llaman capa".

Por donde hemos quedado en entrar, es por encima del palacio de los Marqueses de Villafranca; imponente fortaleza palaciega de gruesos cantos rodados, como las murallas de Mansilla, rematada en las esquinas con cuatro cubos con matacanes ciegos, que pertenecieron a los poderosos Álvarez de Toledo, los escudos de esta familia se comparten con los otros grandes de la nobleza: Los Valcarce, Pimentel y Osorio. Hoy es la familia del compositor Cristobal Halfter quien lo ocupa; recuerdo de su hospitalidad hace treinta años una magnífica vajilla y un oso disecado.

A tiro de piedra está el refugio de peregrinos el "Ave Fénix", que no dejan de visitar todos los romeros iniciados. Su dueño, mi amigo Jesús, "el Jato" para todos, quién ha hecho de su vida un servicio al Camino de Santiago, y algo habrá visto el muy experto jurado de los premios Elías Valiña para concederle el mismo; no se ha refugiado en su albergue ni amilanado por las dificultades ni las envidias, sino que incluso ha salido de él para seguir animando con su presencia, igual que supo hacerlo Pablo Payo, cuantos actos se celebran en la ruta jacobea. Es un referente de humanidad, más que pintoresca, en el Camino. Ha sabido conciliar ayudas de todo el mundo para levantar su albergue, quemado y vuelto a ser fecundo lugar de acogida; de ahí su nombre. Recuerdo haber visto trabajando en las obras peregrinos de cuatro nacionalidades, dos de ellos jubilados, y me llamó la atención un mocetón de Valencia, que después de una dura jornada tuvo la atención de preguntarle al "dueño de la obra" si podía retirarse.

Con las anécdotas de "el Jato" se puede escribir el libro más maravilloso de la moderna hospitalidad jacobea: al comienzo, cuando aquello era un vivero, en deplorables condiciones higiénicas (en honor de la verdad ha estado muchos años semejándose más que a nada a una jaima mora), dejaba, para que se calentase al sol una gran manguera negra de su vivero y al grito de "aquí todos somos peregrinos y no hay que andarse con distingos" era el primero en ducharse con la manguera y su ejemplo (me han contado que en pelota picada) era seguido; al comienzo con remilgos, y, como no les quedaba otro remedio, luego secundándolo por hermosas peregrinas ultrapirenaicas.

Encontraron perdido y abandonado al lado de un arroyo a un hombre semiinconsciente; anochecía y la Guardia Civil no sabía que hacer con él; deliberaron y acordaron llevarlo al refugio del Ave Fénix; "el Jato" lo acomodó sin preguntar nada y siguió con la tarea que había iniciado de aplicar sus conocimientos de curandero a un peregrino alemán.

Para acabar las anécdotas, cuando la persona que ha elaborado las fichas de esta guía le preguntó a "el Jato" si su hospital estaba preparado para recibir a discapacitados, contestó que sí (evidentemente no lo está); se le inquirió una aclaración y su respuesta fue: "no hay rampas, pero aquí siempre hay brazos".

Villafranca del Bierzo es una ciudad monumental, conventos de la Concepción y de la Anunciada, San Nicolás el Real, iglesia de San Juan o de San Fiz de Viso, Real Colegiata de Santa María, por lo que solo podemos detenernos en dos iglesias próximas. La que se ve en un altozano es la del convento de San Francisco; algo tuve que ver en su restauración; sólo ha quedado la iglesia de una sola nave; los alabastros de sus ventanales góticos crean una grata sensación en el interior; bajo su magnífico artesonado mudéjar del siglo XV. Durante siglos, los franciscanos acogieron al peregrino como pedía el consejo evangélico; en sus alrededores se crían unas flores de color rosa idénticas a las que hemos visto nacer en la misma pared de la Cartuja de Miraflores.

La iglesia de Santiago, muy cerca del refugio del Ave Fénix (de hecho la familia de Jato tuvo durante muchos años sus llaves), es sin duda el monumento jacobeo más importante de la ciudad. Su Puerta del Perdón, en el ala norte, ha mantenido durante siglos, de acuerdo con una venerable tradición confirmada por los Papas, entre ellos el español Calixto III (1455-1458), y renovada por el actual Papa Juan Pablo II para este Año Jubilar Compostelano de 2004, la posibilidad de que los peregrinos enfermos o imposibilitados de proseguir el viaje a Galicia, de lucrarse de los mismos beneficios y perdón que si, tras cumplir con los ritos generales que se cuentan al comienzo de esta guía, entraran con la "metanoia", que tantos olvidan, el propósito firme de cambio, por compunción y enmienda de actitudes y pensamiento, en la Puerta Santa, condición indispensable para ganar el Jubileo del Año Santo Compostelano. Destaca en esta maltratada puerta románica el capitel de los Reyes Magos, durmiendo como niños. El interior de una sola nave, una imagen de Santiago Peregrino y un bello Crucificado. Una placa señala donde fue bautizado fray Martín Sarmiento.

Pero para el peregrino, Villafranca es también la acogedora calle del Agua, una de las más bellas de España, con sus nobles mansiones, con balcones herrados y escudos; casonas de los Osorio y Álvarez de Toledo, del Padre Sarmiento y de Gil y Carrasco, el poético cantor de estas tierras. El pavimento de esta calle, si preciso fuera, podía volver a ver circular el agua para su limpieza o para las huertas. No es de extrañar que Alfonso VI, tan amigo de lo francés, acogiese a los peregrinos francos generosamente en este lugar y hasta le diesen el nombre, al quedarse definitivamente vencidos por la tentación del Camino. La auténtica gastronomía regional de toda la ruta francígena en España tiene por derecho propio su sede en Villafranca del Bierzo; el congrio solo lo hemos comido parecido en Aranda de Duero, la carne y pimientos en ningún otro sitio. Y ¿qué decir del vino?; ya Hermann Künig en su guía de 1496, la que he llamado "del buen bebedor", al llegar aquí debió animarse y hasta considero prudente el detenerse a dar consejos:

"Allí bebe el vino con discreto miramiento,
porque saca a alguno de sentido,
pues se deja correr como un cirio"

Del vino, pasados los años, un peregrino francés me decía: "Il faut le degouter dans la region. C'est bon d'avoir un vin habituel, mais celui qui boive toujours le même vin, c'est comme celui qui s'habitue à une seule femme".

La sirga de los peregrinos es la prolongación de la calle del Agua por donde se sale de Villafranca. Nosotros nos olvidamos del otro itinerario imposible para las personas con discapacidad. Nos faltan 29 Kms. hasta el límite de la provincia y El Cebreiro está a 1300 metros de altitud (800 más que Villafranca), aunque la mayor dificultad se encuentre en los últimos 10 Kms.

Dejamos, si aún vive, al que hoy sería viejo romero francés con sus sueños; pasamos el río Burbia poco antes de juntarse con el Valcarce y salimos cerca del túnel de la N-VI utilizando el arcén protegido para los santiaguistas. Las montañas, verdes y suaves pese a su altitud, nos colocan en un ambiente nuevo. El primer pueblo es Pereje que tuvo hospedería y perteneció a El Cebreiro desde 1118 como donación de la reina casquivana Doña Urraca, la de "las bodas malditas y excomulgadas", a favor de los peregrinos. También estuvo en medio de un pleito sonado entre los cluniacenses de Villafranca y la casa de Aurillac de El Cebreiro por motivos económico-religiosos.

El castillo de Auctares, a la altura del kilómetro 429 en la colina que llaman "Aldares", y el de Sarracín, unos pocos kilómetros más adelante, enfrente, al final de Vega de Valcarce, asomando en lo alto su pintoresca silueta entre la vegetación, se disputan ser guarida legal, con la que acabó Alfonso VI, de exigencias desaforadas por derechos de paso a los peregrinos, "non solum Espanie, sed etiam Italie, Francie et Alemandie", que se veían forzados a transitar por la estrecha vega del Valcarce. El Rey no duda en suprimir este abuso; medida que juzga ha de redundar en beneficio de los pobres y peregrinos que se dirigían a Santiago.

En Trabadelo se juntan los romeros que desde Villafranca han decidido seguir la ruta alejados de la N-VI. Tuvo hospital de peregrino. La parroquia está dedicada a San Nicolás, el recordado protector de los caminantes, y en su interior se venera una pequeñita imagen medieval de la Virgen con el Niño. En lo alto, el cerro de Aldares, lo que pudo ser la guarida, que hemos comentado, de los bandidos del señor del castillo que hemos comentado.

La ruta sigue por La Portela. El nombre hace alusión al portillo, paso estrecho en la orilla izquierda del río Valcarce. Un kilómetro más adelante, en la desembocadura del río Balboa con el Valcarce, se encuentra Ambasmestas; ahora el topónimo dicen que procede de "augas mestas", o lo que es lo mismo "aguas juntas", y, aunque, en efecto, como acabo de decir, aquí confluyen dos corrientes de agua a mí no me convence, mas sigamos adelante; tan solo un kilómetro más allá esta Vega de Valcarce. El pueblo, cabecera del valle de su nombre, disfruta de un emplazamiento privilegiado. En su plaza Mayor se ha plantado la réplica de una palloza y un árbol, cuyo tronco y ramas se han aprovechado para darle la figura de un gigante. La iglesia acoge, una vez más, a la Magdalena, tan presente en toda la sirga de peregrinación. Jóvenes franciscanos se han instalado en Vega de Valcarce, su cartel, en la más típica prosapia de su fundador, el poverello de Asís, reza: "buen camino, buenagente", nos despierta una sonrisa. Como ha dicho un escritor de la zona, su presencia y su carisma están dando un nuevo impulso a la espiritualidad que debe envolver al Camino de Santiago.

El pueblo siguiente, muy próximo, es Ruitelan; parece corrupción del inglés "país de la ruta". En la pequeña ermita de San Froilán está la cueva que habitó este anacoreta del siglo IX, Patrono de la Diócesis, de gran devoción en la Capital y provincia, que lo mismo maldecía conejos por comerse sus códices que amansaba a un lobo que durante años sustituiría como acémila al borriquillo del Santo que tuvo la infeliz idea de matar.

Los peregrinos concheiros pasaban luego por Herrerías, pueblo en el que Doménico Laffi anota la existencia de algunas herrerías. Recuerdo de la antigua tradición herrera de esta comarca, alimentada por las minas del Caudel, es el gran edificio que dedicado a la fundición del hierro estuvo en funcionamiento hasta principios del siglo pasado. Barrio de Herrerías, a su salida, es el Hospital; en realidad el hospital inglés y bien documentado como tal y como destinado a peregrinos ingleses y puede que desde los tiempos gloriosos de Enrique II de Plantagenet, rey de Inglaterra, en apoyo de su peregrinación a Santiago. A partir de este pueblo, las complicaciones de la ruta las explica mejor Virginia Muela en la ficha correspondiente. Desde ahora hay que ascender recio; los peregrinos (los que no han hecho uso de la oferta del "Jato" de acercarles sus mochilas hasta El Cebrerio) se enfrentan con una ascensión difícil; en una de sus bajadas perdí yo las uñas de los dos dedos gordos del pie. Hay que hacer caso a aquel viejo dicho de que "no hay peor camino que atajo mal conocido".

Por el centro de La Faba, el Camino sigue ascendiendo. Fieles siempre a la guía del Calixtinus, desoímos a Hermann Künig que para evitarse lo penoso de este itinerario aconseja en su guía: "..., si me entiendes bien, no subirás al Allefabe (La Faba). Déjalo quedar a la mano izquierda y ve por el puente, a la mano derecha".

El último lugar del Camino de Santiago en la provincia de León lleva el nombre de Laguna de Castilla, "pequeño pueblo de acomodados campesinos montañeses", a 1180 metros de altitud. Allí nadie les disputa nada. A su salida está la raya que separa León de Galicia. El místico "El Cebreiro", en lo más alto, cobija los restos de nuestro gran maestro y amigo, el sacerdote Don Elías Valiña Sanpedro, el hombre al que, sin menor género de duda, más se debe el resurgimiento del Camino del Apóstol Santiago que a tantos está enriqueciendo en todos los órdenes.

Dejo el bordón y la guía en las buenas manos de otro amigo, Constantino Chao que tanto y tan bien sabe contar de su tierra.

Pablo Arribas Briones

 


PRESENTACIÓN:
- Fundación ONCE y Grupo Fundosa
- CERMI
- Ibermutuamur

UN CAMINO PARA TODOS:
- Cronología Xacobea
- El Apostol Santiago en España
- Reivindicación del Camino de Santiago como antigua senda de las personas con discapacidad
- Ciegos juglares, animadores del Camino
- Aventura y picaresca en el Camino
- Del jubileo compostelano, la credencial del peregrino y "La Compostela"
- El por qué del itinerario elegido
- Consejos prácticos
- Normativa sobre accesibilidad
- Bibliografía Xacobea básica
- Agradecimientos


NAVARRA:
- Presentación
- Guía para la reflexión 'Aquí empieza el camino de las estrellas'
Itinerario en tierras de Navarra
Etapa 1: Roncesvalles - Larrasoaña
         Tramo 1: Roncesvalles-Alto de Mezquiritz
         Tramo 2: Alto de Mezquiritz-Puerto del Erro
         Tramo 3: Puerto del Erro-Larrasoaña
Etapa 2: Larrasoaña - Cizur
          Tramo 1: Larrasoaña-Zabaldica
          Tramo 2: Zabaldica-Villava
          Tramo 3: Villava-Cizur Menor
Etapa 3: Cizur - Puente La Reina
          Tramo 1: Cizur-Alto del Perdón
          Tramo 2: Alto del Perdón-Muruzabal
          Tramo 3: Muruzabal-Puente La Reina
Etapa 4: Puente La Reina - Estella
          Tramo 1: Puente La Reina-Lorca
          Tramo 2: Lorca-Estella
Etapa 5: Estella - Los Arcos
          Tramo 1: Estella-Azqueta
          Tramo 2: Azqueta-Los Arcos
Etapa 6: Los Arcos - Viana
          Tramo 1: Los Arcos-Torres del Río
          Tramo 2: Torres del Río-Viana
LA RIOJA:
- Presentación
- Guía para la reflexión 'De Logroño a Grañón'
Itinerario en tierras de La Rioja
Etapa 7: Viana - Navarrete
          Tramo 1: Viana-Logroño
          Tramo 2: Logroño-Navarrete
Etapa 8: Navarrete - Azofra
          Tramo 1: Navarrete-Azofra
Etapa 9: Azofra - Grañón
          Tramo 1: Azofra-Sto. Domingo de la Calzada
          Tramo 2: Sto. Domingo de la Calzada-Grañón

CASTILLA Y LEÓN:
- Presentación

BURGOS
- Guía para la reflexión 'En tierras de Burgos'
- 'El recorrido y la mirada'
Itinerario en tierras de Burgos
Etapa 10: Grañón - Belorado
          Tramo 1: Grañón-Castildelgado
          Tramo 2: Castildelgado-Belorado
Etapa 11: Belorado - San Juan de Ortega
          Tramo 1: Belorado-Espinosa del Camino
          Tramo 2: Espinosa del Camino-San Juan de Ortega
Etapa 12: San Juan de Ortega - Burgos
          Tramo 1: San Juan de Ortega-Ibeas de Juarros
          Tramo 2: Ibeas de Juarros-Burgos
Etapa 13: Burgos - Hontanas
          Tramo 1: Burgos-Rabé de las Calzadas
          Tramo 2: Rabé de las Calzadas-Hontanas
Etapa 14: Hontanas - Itero de la Vega
          Tramo 1: Hontanas-Castrojeriz
          Tramo 2: Castrojeriz-Itero de la Vega

PALENCIA
- Guía para la reflexión 'Palencia entre dos ríos'
Itinerario en tierras de Palencia
Etapa 15: Itero de la Vega - Carrión de los Condes
          Tramo 1: Itero de la Vega-Frómista
          Tramo 2: Frómista-Villarmentero de Campos
          Tramo 3: Villarmentero de Campos-Carrión de los Condes
Etapa 16: Carrión de los Condes - Sahagún
          Tramo 1: Carrión de los Condes-Calzadilla de la Cueza
          Tramo 2: Calzadilla de la Cueza-Terradillos de los Templarios
          Tramo 3: Terradillos de los Templarios-Sahagún

LEÓN
- Guía para la reflexión 'En tierras de León'
- 'El Camino de Santiago en viejas tierras de León'
Itinerario en tierras de León
Etapa 17: Sahagún - El Burgo Ranero
          Tramo 1: Sahagún-El Burgo Ranero
Etapa 18: El Burgo Ranero - Mansilla de las Mulas
          Tramo 1: El Burgo Ranero-Reliegos
          Tramo 2: Reliegos-Mansilla de las Mulas
Etapa 19: Mansilla de las Mulas - León
          Tramo 1: Mansilla de las Mulas-Arcahueja
          Tramo 2: Arcahueja-León
Etapa 20: León - Villadangos del Páramo
          Tramo 1: León-Valverde de la Virgen
          Tramo 2: Valverde de la Virgen-Villadangos
Etapa 21: Villadangos del Páramo - Astorga
          Tramo 1: Villadangos-Hospital de Órbigo
          Tramo 2: Hospital de Órbigo-San Justo de la Vega
          Tramo 3: San Justo de la Vega-Astorga
Etapa 22: Astorga - Rabanal del Camino
          Tramo 1: Astorga-Santa Catalina de Somoza
          Tramo 2: Sta. Catalina de Somoza-Rabanal del Camino
Etapa 23: Rabanal del Camino - Ponferrada
          Tramo 1: Rabanal del Camino-El Acebo
          Tramo 2: El Acebo-Campo
          Tramo 3: Campo-Ponferrada
Etapa 24: Ponferrada - Villafranca del Bierzo
          Tramo 1: Ponferrada-Camponaraya
          Tramo 2: Camponaraya-Pieros
          Tramo 3: Pieros-Villafranca del Bierzo
Etapa 25: Villafranca del Bierzo - O'Cebreiro
          Tramo 1: Villafranca del Bierzo-La Portela de Valcarce
          Tramo 2: La Portela-Ruitelán
          Tramo 3: Ruitelán-O´Cebreiro

GALICIA:
- Presentación
- Guía para la reflexión 'De O'Cebreiro a Sarria'
Itinerario en tierras de Galicia
Etapa 26: O'Cebreiro - Aguiada
          Tramo 1: O´Cebreiro-Viduedo
          Tramo 2: Viduedo-San Xil
          Tramo 3: San Xil-Aguiada
Etapa 27: Aguiada - Toxibó
          Tramo 1: Aguiada-Barbadelo
          Tramo 2: Barbadelo-Mirallos
          Tramo 3: Mirallos-Toxibó
Etapa 28: Toxibó - Campanilla
          Tramo 1: Toxibó-Ligonde
          Tramo 2: Ligonde-Palas do Rei
          Tramo 3: Palas do Rei-Campanilla
Etapa 29: Campanilla - Calzada
          Tramo 1: Campanilla-Castañeda
          Tramo 2: Castañeda-Calzada
Etapa 30: Calzada - Santiago de Compostela
          Tramo 1: Calzada-Arca
          Tramo 2: Arca-Santiago de Compostela

RESUMEN DE ETAPAS:
- Resumen de Etapas

CARACTERÍSTICAS DE ACCESIBILIDAD EN EDIFICIOS:
- Navarra
- La Rioja

Castilla y León
      - Burgos
      - Palencia

      - León
- Galicia